Reportaje de Toni Solomando (@reollots)
El Viejo Gasómetro de Avenida La Plata fue mucho más que un estadio de fútbol. Durante décadas funcionó como un núcleo social, cultural y deportivo para el barrio de Boedo, en Buenos Aires, y para San Lorenzo de Almagro, un club profundamente ligado a su comunidad. Su derribo, iniciado a comienzos de los años ochenta, no puede explicarse únicamente desde una perspectiva deportiva o económica. Fue la consecuencia directa de un contexto político autoritario, de un modelo económico excluyente y de un proceso de desprotección institucional que afectó no solo a una entidad deportiva, sino a amplios sectores de la sociedad argentina.
La pérdida de ese mítico estadio se convirtió con el tiempo en un símbolo de algo más profundo: la fragilidad de las instituciones populares frente al poder de la dictadura militar argentina. Para San Lorenzo y para los vecinos de Boedo significó el desmantelamiento de un espacio de encuentro que los articulaba como red de pertenencia. Lo ocurrido reflejó cómo los clubes y sus tradiciones también estaban expuestos a decisiones políticas que alteraron para siempre el tejido social del país.





