Omertà
Un editorial de 'Josimar' sobre Gianni Vincenzo Infantino. Con este texto comenzamos la serie Sombras del Mundial en LaNews de Brazalete.
Lo que vais a leer a continuación supone una de las piezas más importantes del periodismo deportivo europeo, publicada por uno de los medios más dignos del periodismo deportivo europeo: la revista noruega Josimar, que ha tenido la gentileza de cedérnoslo para su publicación en castellano.
Con él comenzamos la serie Sombras del Mundial, una sección de Brazalete dedicada específicamente a un Mundial oscuro y divisivo como pocos.
La prensa sigue siendo uno de los últimos controles sobre el poder de la FIFA. Gianni Infantino y su oficina de comunicación están tomando medidas contra ella.
En el reciente Congreso de la FIFA en Vancouver, Canadá, Josimar experimentó un déjà vu. Tuvo que perseguir a Gianni Infantino por los pasillos del centro de convenciones local para preguntarle: “¿No le avergüenzan los altos precios del Mundial? Convierten este Mundial en un Mundial para aficionados ricos. ¿Quiere hacer algún comentario?”. Protegido por una legión de responsables de prensa, guardaespaldas y empleados, el presidente de la FIFA se limitó a responder: “Comentaré todo cuando decida comentarlo todo. Muchas gracias”.
Infantino no quiere responder preguntas de la prensa. Lo que sí quiere Infantino -aunque los estatutos de la FIFA limitan a los presidentes a doce años en el cargo y él fue elegido por primera vez en 2016- son cuatro años más al frente de la federación mundial. Algunos susurran, incluso, que no le importaría tener otros cuatro después de eso. Así que ha prometido repartir 14.000 millones de dólares en ingresos entre las 211 asociaciones miembro y ha declarado su candidatura para las elecciones presidenciales de la FIFA de 2027, previamente respaldadas por unanimidad por las confederaciones africana y asiática. La lealtad siempre tiene un precio. La percepción de falta de ella también lo tiene, como descubrieron a su costa los ejecutivos de la federación de Trinidad y Tobago. Donde hay una zanahoria, el palo nunca está demasiado lejos.
Infantino quiere cuatro años más al frente de la FIFA, aunque exceda el límite en el cargo. Las confederaciones asiática y africana le apoyan.
Hoy, la prensa es una de las últimas barreras frente al poder desatado de Gianni Infantino, quien, desde el momento en que tomó posesión, ha gestionado mal la FIFA y el fútbol global. El hombre que fue elegido con una promesa de cambio (para mejor, se nos hizo creer), prometiendo transparencia y rendición de cuentas, comenzó despidiendo al jefe de gobernanza Miguel Maduro, orquestó la expulsión del presidente de la CAF Ahmad Ahmad y su sustitución por Patrice Motsepe, apoyó en secreto la Superliga europea, aceleró la adjudicación del Mundial de 2034 a Arabia Saudí, incorporó recientemente a un operador turbio, (Adi PredictStreet) como nuevo socio del mercado de predicciones, dio su bendición a expulsar económicamente a los aficionados del Mundial de 2026 y coronó todo ello entregando al presidente Donald Trump el primer Premio de la Paz FIFA sin consulta previa en una nauseabunda exhibición de servilismo. Ha vaciado de contenido la buena gobernanza.
En vísperas del último Mundial, Josimar advirtió en un editorial que, con “Gianni Infantino al volante, no estamos ni cerca del fondo”. Aquellas palabras han demostrado ser proféticas.
El desprecio de Infantino
Infantino llegó a la FIFA disfrazado de reformista. En cambio, ha hecho enormes esfuerzos para concentrar y consolidar su poder. Y aun así, pese a todas las maniobras oscuras, apenas ninguna de las personas a las que debe en última instancia su posición está exigiendo responsabilidades al presidente de la FIFA y a su camarilla.
En lugar de eso, las 211 asociaciones miembro se dan un festín con el dinero de desarrollo del programa Forward, del que a menudo depende su propia existencia. Los miembros del Consejo de la FIFA, la mayoría totalmente desconocidos para el gran público, asisten a un puñado de reuniones —de dos a cuatro— cada año para embolsarse una asignación anual de entre 250.000 y 300.000 dólares. El papel de ese dócil rebaño de dirigentes es simplemente estampar el sello de aprobación sobre decisiones que ya habían sido tomadas antes de registrarse en sus hoteles de cinco estrellas. Los presidentes de las confederaciones, antes un grupo problemático, ahora aceptan y sostienen el sistema.
El inadecuado sistema legal suizo no hace nada para abordar el singular modus operandi de la FIFA, legalmente una asociación “sin ánimo de lucro” con la facturación de una multinacional.
Políticos de todo el mundo —preferiblemente “hombres fuertes”, autócratas y dictadores al estilo de Paul Kagame— aparecen en fotografías junto a Infantino, deseosos de aprovechar el atractivo global del juego para beneficio personal. La Unión Europea, si quisiera, tendría poder para poner freno al régimen de Infantino. Pero nunca ha reunido la voluntad política para hacerlo, y todavía menos en el actual mundo geopolíticamente fracturado. El sindicato mundial de futbolistas FIFPro -amenazado por la creación por parte de la FIFA de sindicatos de jugadores amarillos- ha estado cerca de pasar de la crítica a la acción, pero hasta ahora se ha abstenido.
El desprecio de Infantino por la prensa, en contraste con su accesibilidad cuando era el número dos de Platini en la UEFA, es un secreto a voces
Así que la tarea de exigir responsabilidades al organismo rector global recae sobre los periodistas, junto con ONG y aficionados. Los valientes reportajes de Tariq Panja, de The New York Times; Martyn Ziegler, de The Times; Rémi Dupré, de Le Monde; y Andreas Selliaas, de Idrettspolitikk, entre otros, han arrojado luz a menudo sobre los oscuros mecanismos internos de la FIFA.
El desprecio de Infantino por la prensa, en fuerte contraste con su accesibilidad cuando era el número dos de Michel Platini en la UEFA, es un secreto a voces. En vísperas del Mundial de 2022 en Qatar, lanzó una diatriba de una hora en defensa del país anfitrión y acusó a la prensa de racismo. Un año después, en el Congreso de la FIFA de 2023 en Kigali, Ruanda, Infantino redobló la apuesta con un discurso lleno de resentimiento, exigiendo que la prensa informara más sobre el juego en sí que sobre la administración futbolística. Preguntó: “¿Por qué algunos de ustedes son tan crueles?”.
El periodista británico Matt Slater, de The Athletic, ofreció una respuesta elocuente: “La crítica a su discurso en Doha no era por su chiste sobre el pelo pelirrojo. Era por la crítica implícita y explícita que hizo a decenas de personas en aquella sala por la cobertura que habían realizado durante una década sobre las leyes laborales en Qatar. Usted dijo que ‘éramos racistas’. Ahora, irónicamente, esa es la palabra que utilizó o utiliza el relator especial de la ONU sobre la situación de los derechos laborales en Qatar”.
Cuando Pål Ødegaard, de Josimar, exigió que Infantino simplemente respondiera preguntas en lugar de pronunciar monólogos, el presidente de la FIFA se puso furioso. Sería la última vez que la prensa mundial tendría la oportunidad de hacerle preguntas de forma adecuada. Excepto por un encuentro improvisado con periodistas en Auckland, no volvería a ofrecer una rueda de prensa.
En el Congreso de la FIFA de 2024 en Bangkok, Tailandia, simplemente canceló la habitual rueda de prensa posterior al congreso. Los periodistas lo acorralaron en los vestíbulos de hoteles para preguntarle sobre Arabia Saudí, pero Infantino se negó a entrar en el tema. Una responsable de prensa de la FIFA ironizó con uno de los periodistas: “¿Con qué frecuencia habla usted con un jefe de Estado?”. Se le podría haber respondido que el predecesor de Infantino, Sepp Blatter, cualesquiera que fueran sus defectos, nunca se saltó una rueda de prensa ni evitó a periodistas, incluidos los más hostiles hacia él.
La FIFA intensificó su ataque contra la prensa. En la opresiva Asunción, Paraguay, donde 5.000 policías, tanques y soldados ocupaban las calles durante el Congreso de la FIFA de 2025, la federación mundial expulsó a los periodistas de su hotel principal. En el reciente Congreso de la FIFA en Vancouver, Canadá, la FIFA negó a los reporteros el acceso al recinto del Congreso, una tradición mantenida durante mucho tiempo. ¿La razón? Proteger a Infantino de las preguntas a cualquier precio.
Cultura del silencio
Tal es la paranoia de la FIFA que, durante un congreso, los reporteros suelen ser escoltados por responsables de prensa para asegurarse de que no puedan hablar con delegados fuera de la estrictamente controlada zona mixta. Cuando un periodista consigue encontrarse en persona con un delegado, un supervisor de la FIFA suele exigir primero que las preguntas se envíen por correo electrónico a la oficina de prensa. Ese correo, en la mayoría de los casos, queda sin respuesta. Josimar organizó una encuesta informal entre periodistas que cubren la información sobre la FIFA. Todos y cada uno de los encuestados dijeron que la situación ha empeorado bajo Infantino. La mayoría de ellos —como Josimar— ya no reciben respuestas a preguntas dirigidas a la oficina de prensa de la FIFA o a los distintos comités de la organización, incluso cuando esas preguntas tratan sobre aclaraciones de hechos o reglamentos. Las escasas ‘entrevistas’ de Infantino son preguntas y respuestas microgestionadas en las que las cuestiones han sido filtradas previamente, como su aparición en Sky News el pasado febrero. O maniobras de espectáculo como la extenuante aparición del presidente de la FIFA en el canal de YouTube del influencer estadounidense IShowSpeed durante el Mundial de Clubes de 2025.
Bajo la dirección del responsable de relaciones con los medios Bryan Swanson, que dejó Sky Sports News para convertirse en el principal ejecutor mediático de Infantino en 2021, la oficina de prensa se ha transformado en un brazo de relaciones públicas, centrado en producir propaganda aduladora, gestión de crisis y bloquear a los periodistas en cada paso. Invita a una pregunta simple: ¿qué es exactamente lo que quieren ocultar?
En el reciente Congreso de la FIFA en Vancouver, un periodista canadiense dijo: “El único lugar donde no me escoltaron fue el baño”
En el reciente Congreso de Vancouver, un periodista canadiense afirmó: “El único lugar donde no me han escoltado ha sido el baño”. Otro redactor estadounidense describió así su reciente experiencia con la oficina de prensa de la FIFA y los guardaespaldas de Infantino siguiéndole: “Si daba un paso a la derecha, ellos daban un paso a la derecha; un paso a la izquierda, ellos daban un paso a la izquierda”.
Ello tiene un efecto intimidatorio. Las redacciones, ya sometidas a una enorme presión económica, están enviando menos reporteros debido a la falta de acceso, lo que se traduce en un escrutinio aún menor. La fatiga pública y la desilusión casi universal con la FIFA (“¡de todos modos son todos corruptos!”) también desaniman a los editores a centrarse o continuar historias que, en tiempos de Blatter, habrían ocupado la portada, como los acuerdos fiscales de Infantino en Suiza, su misterioso viaje a Estados Unidos en 2015 y su papel en la venta de derechos audiovisuales de la UEFA a agentes sudamericanos corruptos que más tarde fueron condenados en los juicios del Fifagate.
La cultura del silencio se ha extendido. Los principales directivos de la FIFA se niegan a explicar decisiones importantes de la organización. Los miembros del Consejo de la FIFA y presidentes de federaciones -como Samuel Eto’o, de Camerún, y Aivar Pohlak, de Estonia- rara vez hablan oficialmente. Un código de silencio protege el sistema.
Alguna vez considerado levemente progresista, el presidente de la federación alemana (DFB), Bernd Neuendorf, corrigió su postura tras el Mundial de 2022. Como miembro del Consejo de la FIFA recibe más de 250.000 dólares y, como presidente de la DFB, otros 250.000 euros anuales, pero Neuendorf evitó a la prensa alemana en Vancouver. Ha sido un firme defensor del Premio de la Paz FIFA, diciendo a la cadena alemana WDR que creía que “el conflicto [en Gaza] no podría haber terminado sin Estados Unidos”. La empresaria británica Debbie Hewitt no ha concedido una entrevista a un medio no institucional ni ha celebrado una rueda de prensa pública desde que fue elegida vicepresidenta de la FIFA por el Congreso de la UEFA en abril de 20231. Gana 300.000 dólares por ese cargo y 149.000 dólares como presidenta de la federación inglesa.
Mientras el deporte nunca había disfrutado de tanta riqueza e influencia, el muro entre el público y la verdad nunca había sido tan alto. El periodismo crítico es más esencial que nunca. Esta falta de transparencia no es solo un problema para el fútbol; es una señal de alarma para la democracia. Infantino ha adoptado el manual del dictador, pero el mensaje desde los tejados es claro: no es apto para gobernar el fútbol.
Hewitt habló públicamente por última vez en junio de 2025, participando en una “entrevista” sobre un escenario en una conferencia de la UEFA cerrada a periodistas.




