La secreta doble jornada de Ştefan Kovács
El técnico rumano compaginó su trabajo de entrenador con el de integrante de la Securitate a lo largo de ocho años, mucho antes de proclamarse bicampeón de Europa con el Ajax
Estadio Rajko Mitić, Belgrado, 30 de mayo de 1973. El Ajax de Ámsterdam vuelve a tocar la gloria con las manos. Con un tanto inicial de Johnny Rep a los cinco minutos de encuentro, el conjunto neerlandés supera a la Juventus y conquista su tercera Copa de Europa consecutiva. La final deja imágenes para la posteridad como la de Johan Cruyff levantando la ‘Orejona’ con la camiseta de la ‘Vecchia Signora’. Tras esos éxitos se encuentra Ştefan Kovács, el técnico que tomó las riendas del club como sucesor de Rinus Michels y que prolongó el fútbol total, origen y consecuencia de los triunfos. Lo que nadie sabe en ese momento es que, hasta llegar a ese instante, Kovács no solo se ha fogueado en los terrenos de juego de su Rumanía natal: también como agente de la Securitate de la República Popular de Rumanía.
Fundada el 30 de agosto de 1948 con la ayuda del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) de la Unión Soviética, la Securitate fue la policía secreta de Rumanía durante su etapa comunista. Una autoridad que fue creada bajo el mandato de Constantin Ion Parhon, primer presidente de la República Popular de Rumanía, pero con el paso de los años ganó cada vez más peso. Destacó en comparación a otros cuerpos del Bloque del Este por su gran afiliación. En 1989, ya en la recta final del régimen de los Ceaușescu, tenía unos 15.000 miembros oficiales y entre unos 400.000 y 700.000 informantes repartidos entre una población de 23 millones de personas. Entre un 1,7% y un 3% de los ciudadanos estaban involucrados, una cifra especialmente alta en comparación a otros países con más población. Por ejemplo, la República Popular de Polonia, cuyo Servicio de Seguridad (SB) tenía 24.000 integrantes y 98.000 informantes en una población de 37 millones.
La extensión de la Securitate también traspasaba las fronteras rumanas al contar con miembros repartidos por toda Europa. Y su poder no solo era un tema cuantitativo, también ejecutivo. Seis direcciones y ocho unidades especiales lideraban una red de espionaje masivo que, además de implicar un imponente control de la información, también se trasladaba en represión. El miedo se instaló tanto en la población que esta asumió un mensaje: o estás con la policía secreta para sobrevivir o estás en contra de ella. Kovács ocultó en vida que formó parte de este cuerpo hasta que el pasado mes de enero el Consejo Nacional para el Estudio de los Archivos de la Securitate de Rumanía se encontró entre dichos archivos al técnico y los publicó.






