Hecha la ley, hecha la 'Trump-a'
Sombras06 | Esta madrugada EE.UU. ha podido alinear a un jugador sancionado, en una interferencia política inédita. Luego Don Fútbol ha hecho su magia: Trump ganó a Balogun pero perdió el partido.
Un futbolista ve una roja pero en el siguiente partido de su selección va y juega. Es lo que ha sucedido esta madrugada con Folarin Balogun. Coincide que era el máximo goleador del combinado de los Estados Unidos, país cuyo presidente no pudo ni quiso disimular sus presiones para que la FIFA adoptara una decisión inédita desde la instauración de las tarjetas en el Mundial de México 1970. Medio siglo después el fútbol constata que no hay nada imposible. O más bien: no hay nada que Trump se resista a manchar y nada que Infantino se niegue a entregarle. No sé si supone el peor escándalo de la historia de los Mundiales pero desde luego tiene pinta de ser el más descarado. Nadie se tapa ya en esta charlotada continua que protagonizan Big Donald y Bad Gianni para mayor escarnio y descrédito del mejor deporte del mundo.
Hoy es aún más urgente que ayer ponerle coto al servilismo de Infantino. De lo contrario el fútbol seguirá infligiéndose goles en propia puerta cada vez más lesivos contra su propia credibilidad.
¿En qué se basó la FIFA para rehabilitar a Balogun?
El artículo 27 del Comité de Disciplina de la FIFA indica que una “medida disciplinaria” puede suspenderse “total o parcialmente” mediante la imposición “a la persona sancionada por un período de prueba de uno a cuatro años”. Como no aporta más detalles de los casos específicos que pueden llevar al órgano jurisdiccional a levantar o no una sanción, se deduce una fuerte sensación de impresión de que solo es su buena voluntad.
Lo destacable, como apunta L'Equipe, es que no hay rastro de este artículo antes de 2019.
Este artículo 27, del que no hemos encontrado huella previa a 2019 en los archivos del código disciplinario, fue, por tanto, muy probablemente instaurado bajo la presidencia de Gianni Infantino. Fue utilizado en noviembre de 2025 para reducir la sanción de Cristiano Ronaldo. Sancionado con tres partidos tras un codazo contra Irlanda el 13 de noviembre, debía perderse los dos primeros partidos de Portugal en el Mundial... pero vio reducida su sanción a un solo encuentro, lo que le permitió no perderse ningún partido de la Copa del Mundo de 2026.
[ L'Equipe ]
La decisión desencadenó entonces un debate, pero solo se trataba de una reducción de la suspensión, y no de un levantamiento de la sanción. Esta vez, la anulación de la sanción a Folarin Balogun tiene todos los ingredientes para sentar una jurisprudencia que, en el futuro, intentarán aprovechar cualquier selección sancionada con una roja. Después de haber abierto la caja de Pandora, solo queda desearle ánimo a la FIFA para mantener la coherencia sobre este asunto.
El precedente de Cristiano
Efectivamente, Cristiano Ronaldo vio la primera roja de su carrera internacional en el penúltimo encuentro de clasificación para el Mundial. Fue expulsado en Dublín por conducta violenta tras propinarle un codazo sin pelota al defensor Dara O'Shea. El Código Disciplinario de la FIFA estipula un castigo mínimo de tres encuentros para este tipo de agresiones físicas. Y esa fue la sanción que recibió. Por tanto, se habría perdido el último encuentro clasificatorio, y también los dos primeros partidos de grupos de la Copa del Mundo.
Pero en ese momento, la FIFA anunció que el segundo y tercer encuentros de la suspensión solo tendrían que ser cumplidos después de un período de prueba de un año. Esencialmente, la FIFA dijo que Ronaldo podría jugar la Copa del Mundo, y que se preocuparían por la suspensión más adelante. Dado que Ronaldo podría retirarse internacionalmente después de esta Copa del Mundo, hay muchas posibilidades de que esa sanción nunca se cumpla.
[ Sports Yahoo ]
Hay diferencias con Balogun, pero el marco es el mismo: la FIFA puede hacerlo si lo desea. Hay una regla que permite meter en la nevera ciertas sanciones.
Y es preocupante que sea esta presidencia de la FIFA la que esté abriendo esta grieta tan discrecional en la aplicación de una normativa que hasta ahora carecía de letra pequeña. De nuevo se vuelve a toquitear un deporte cuyo gran éxito radica en su simplicidad.
Colisión legal
Perdonad que me ponga aquí un poco en plan periodista judicial. Pero es que la tensión que genera el artículo 27 en los casos Ronaldo y Balogun reside en la colisión entre dos normas del propio Código Disciplinario de la FIFA:
Artículo 66.4: “Una expulsión implica automáticamente la suspensión para el siguiente partido”.
Artículo 27: “El órgano judicial puede decidir suspender total o parcialmente la ejecución de una medida disciplinaria”.
La interpretación de FIFA es que el artículo 27 prevalece como norma general sobre el artículo 66.4, que sería la regla especial para el efecto automático. Sin embargo, la federación belga arguye exactamente lo contrario: que el artículo 66.4 y el artículo 10.5 del Reglamento de Competición del Mundial 2026 -que no prevén excepción alguna- deberían prevalecer sobre la cláusula del artículo 27. Y aquí entramos en una preciosa disputa no solo leguleya sino casi casi metafísica.
El código tampoco especifica en qué circunstancias el órgano judicial puede o debe utilizarse el artículo 27, lo cual deja un margen de discrecionalidad amplísimo. Y, en opinión de muchos, enteramente politizable.
Las excusas tardías de Infantino
La FIFA se ha acostumbrado a decidir mucho y comunicar poco. Recordad la gestión secreta del FIFA Peace Prize, de cuya entrega a Donald Trump -según ha informado LeMonde- solo estaban avisados menos de diez personas, por supuesto de la máxima confianza de Infantino. Pues bien, en la víspera de este Mundial 2026, Infantino dio su primera rueda de prensa en tres años. En ella pidió a los medios que se relajaran ante el visado denegado al árbitro somalí Omar Artan o al injusto tratamiento hacia el combinado iraní. Y este pasado fin de semana ha deparado un nuevo ejemplo de esa política de comunicación cero: durante un largo lapso nadie sabía a ciencia cierta si el México-Inglaterra iba a adelantar o no su horario.
Pero incluso así sorprenden las 24 horas que Infantino dejó pasar tras echar el Mundial al fuego de las redes sociales -y de paso, colocarle a cualquier mérito deportivo del Team USA un gigantesco asterisco cuestionador-. Solo entonces, cuando las opiniones de todo el planeta incendiaban la credibilidad de la FIFA, se dignó Bad Gianni a dar una respuesta: como no pudo negar los contactos con Trump, los equiparó a las muchas llamadas que según él recibe de otros gobernantes (¿?) y le pasó la patata caliente al Comité de Disciplina. Igual no es el lápiz más afilado del estuche pero hasta ahí le alcanza. No va a salir diciendo que efectivamente ha sido él el perrito que le ha llevado las pantuflas a Big Donald.
Me gustaría reiterar un principio fundamental de la gobernanza de la FIFA. Los órganos judiciales de la FIFA son independientes. Operan de manera autónoma, aplican el Código Disciplinario de la FIFA y deciden los casos en base a las regulaciones aplicables y los hechos específicos ante ellos. Su independencia es esencial para la credibilidad e integridad del fútbol, y esto debe respetarse siempre.
Suena bien, ¿verdad? En realidad los comités de la FIFA no se generan por ciencia infusa ni nacen en la atmósfera neutral de un laboratorio. Recordemos que en 2017, poco después de llegar a la poltrona de Zúrich, Infantino dirigió una fronda contra los responsables del comité de ética, Cornel Borbély y Hans-Joachim Eckert. ¿Por qué? Pues porque el comité estaba investigando activamente... al propio Infantino.
Ahora el presidente fifero se descarga de responsabilidad: “a veces los comités deciden cosas con las que estoy de acuerdo, y otras no”. Tardó 24 horas en dar su versión. Claro que para entonces, desde la otra mitad de la trama, Trump no había tenido ningún problema en arrogarse todo el mérito de la ‘Operación Balogun’.
Todo es política… y esto también
No hay nada imposible en Trumplandia, y no en un sentido positivo. Los Estados Unidos han vuelto a instalarse en el universo paralelo de Hill Valley, versión chunga. Esa en la que Biff Tannen, el malo de Regreso al futuro -con innegable parecido con Donald Trump, por cierto- se erige en un mix de oligarca inmobiliario y líder político.
Como en esa distopía cinematográfica, habitamos un mundo en el que el concepto de igualdad está seriamente amenazado. Lo llamativo es que tampoco en el fútbol -ni siquiera en el fútbol- somos ya todos iguales. Desde 1970, cuando se implementó el sistema de tarjetas, todos los jugadores, altos o bajos, famosos o menos, sabían qué venía después de ver una roja. Mínimo, un partido de sanción. Hasta ahora. Un nuevo escenario en el que la igualdad queda herida.
Esta nueva renuncia servil de Infantino también deja magullada la propia idea de la ley, de un sistema de normas comprensibles, necesarias y aplicadas con ecuanimidad. Con la llamada de Donald J. Trump a Gianni V. Infantino el populismo feudaloide de la Casa Blanca salpica, mancha y contagia también a los estadios: solo importa vencer y no convencer. ¿Las normas? Solo para los tontos, o los pobres, que vienen a ser lo mismo.
Estamos acostumbrados -qué remedio- a la manipulación y abuso del balón por parte de poderes políticos o financieros poco ejemplares. Los ejemplos abundan y sin embargo seguimos fascinados por la pelota, por los artistas que la mueven y por las masas que identifican en el esférico la bandera de una comunidad: su bandera. El fútbol constituye la última gran religión de la humanidad y como todas las anteriores exige una cierta ceguera a sus creyentes. Pero la torpeza ambiciosa de Infantino y la impunidad altanera de Trump le quitan las vendas de los ojos al más crédulo.
Infantino ya ha anunciado su decisión de presentarse a la reelección en 2027. Hay 211 países dentro de la FIFA. Cada federación supone un voto. Y con 106 ganas una elección.
En abril, Conmebol, la confederación sudamericana, pregonó que sus 10 países respaldarán a Infantino. Tres semanas después, la Confederación Africana de Fútbol (CAF) confirmó el voto unánime de sus 54 asociaciones miembros. Poco después, las 47 naciones de la Confederación Asiática de Fútbol siguieron su ejemplo.
Infantino ya tiene 111 votos. No se le puede vencer.
[ BBC ]
No se le puede vencer… salvo que pase lo imposible.
PD: la interferencia de Trump no le ha servido de nada al Team USA. Es más, probablemente le ha perjudicado: ni el equipo de Mauricio Pochettino se pareció a su mejor versión ni Folarin Balogun fue el atacante afilado que venía siendo. Al final, Don Fútbol hace sus cuentas y salda sus facturas.







El karma una vez mas amigos!!