España’82: Naranjito contra los años de plomo
Brazalete72 | O cómo dos contextos de violencia política en dos países muy similares fueron a cruzarse en un mismo verano mundialista.
Madrid, 11 de julio de 1982. Acaba de terminar el Mundial de España con el triunfo de Italia sobre Alemania Occidental. En el palco, un viejo partisano comunista, Sandro Pertini, llora de alegría junto al rey de España. Dos figuras improbables, unidas en un estadio. Una imagen que lo resume todo.
Cuatro años antes, en las calles de Roma, las Brigadas Rojas habían dejado el cadáver del lider democristiano Aldo Moro en el maletero de un Renault 4. En Barcelona, el mismo día que el Camp Nou se llenaba de palomas de la paz para inaugurar el Mundial’82, ETA asesinaba a un guardia civil en el País Vasco. El fútbol y el terror compartían portadas, se disputaban el protagonismo, se ignoraban y se necesitaban.
¿Puede un Mundial de fútbol poner fin a una era de violencia política? ¿Puede un gol de Paolo Rossi cerrar los años de plomo italianos? ¿Puede España organizar una fiesta global mientras camina sobre el alambre entre dictadura y democracia, con ETA asesinando cada tres días?
En este Files, Alberto Ojeda, director de El Cultural y autor de Cuero contra plomo. Fútbol y sangre en el verano del 82, responde a todas esas cuestiones. Dos países con muchas similitudes vivieron en paralelo sus propios años de plomo. España venía de una dictadura y afrontó la organización entre dudas. Italia superaba una década de violencia y contubernios, y su selección llegaba rodeada por el escándalo del Totonero.
Ambos procesos, el español y el italiano, acabarían confluyendo en el verano de Naranjito. Porque el fútbol es tan grande que, a menudo, es la mejor excusa para hablar de algo más grande.



