El Mundial es eso que va entre anuncio y anuncio
Sombras02 | "La codicia es buena", proclamó el tiburón financiero que interpretaba Michael Douglas en 'Wall Street'. 40 años después es el fútbol el que interrumpe los anuncios y no al revés.
El 26 de febrero de 2016 Gianni Infantino logró de manera sorprendente ganar las elecciones a presidente de la FIFA. Lo hizo con la ayuda de una federación más influyente en los despachos que sobre los terrenos de juego: la de los Estados Unidos. Y eso que por aquel entonces Donald Trump solo era un millonario estridente que fanfarroneaba con la posibilidad de postularse a las primarias republicanas de cara a los comicios a la Casa Blanca.
En ese 2016, Barack Obama apuraba el último año de su administración en Washington. La misma que buscaba una figura capaz de reorientar a la FIFA, después del escándalo desatado apenas un año antes con la detención de varios de sus altos cargos en el Hotel Baur-au-Lac de Zúrich. Del pistoletazo del FIFAgate hasta la votación del nuevo presidente pasaron diez meses. La US Soccer Federation (USSF) primero apoyó al candidato jordano, el príncipe Ali bin Hussein. Pero tras la primera ronda de votación quedó claro que Bin Hussein no llegaría al poder. La pugna estaba entre el favorito del sistema, el jeque catarí Salman Al-Khalifa y el underdog, Infantino.
Tras la ampliación a 48 selecciones, Infantino siguió buscando nuevos ingresos. Por eso sondeó hacer del Mundial un torneo bianual: de 64 partidos cada cuatro años a 104 cada dos.
Y ahí, entre la primera y la segunda rondas de votación, se produjo el decisivo cambio en el voto de la USSF. Su presidente, Sunil Gulati, junto al de otras federaciones de la CONCACAF, se bajaron del caballo del Príncipe Ali y se subieron al de Infantino. Finalmente, el italo-suizo se impondría por 115 votos contra 88. En esta victoria por estrecho margen la intervención de Estados Unidos fue decisiva.
‘FIFA money is your money’
Dario Saltari resume así la propuesta que aquellos días representaba Infantino
Sobre todo, una mayor redistribución de los enormes ingresos de la FIFA entre las federaciones que la integraban. A la luz de los escándalos que habían empañado la década anterior, ‘FIFA money is your money’ sigue siendo la frase más impactante de su campaña electoral y la base de su apoyo dentro de la organización. Por eso, casi nadie a nivel interno se atreve ya a criticarlo realmente ni a oponerse al poder que ejerce de forma autocrática. [ Grand Continent ]
‘FIFA money is your money’. Se trata un eslogan rotundo, directo, teledirigido a la parte del cuerpo que mueve a muchos dirigentes del fútbol: el bolsillo. Cuando Infantino cambió un despacho en Nyon por otro más grande en Zúrich sólo confirmó algo que ya sabía. El balompié mundial es una gigantesca tarta pero el pedazo más grande se lo queda la confederación europea. Él, que venía de controlar las bambalinas de la UEFA, era perfectamente consciente. La FIFA estaba perdiendo ese partido de los ingresos televisivos y comerciales frente a la pistonada anual de la Champions League. E Infantino estaba determinado a darle la vuelta a ese marcador.
Sólo había que esquilmar la gallina de los huevos de oro: la Copa del Mundo.
La codicia es buena
En octubre de 2016, solo ocho meses después de tomar posesión, Infantino anunció su magistral idea: el Mundial se ampliaría hasta las 48 selecciones. La FIFA lo aprobó por unanimidad en 2017. Un año más tarde se proclamaba la concesión del Mundial2026 a la candidatura norteamericana. Ello ocurrió con Trump ya instalado en la avenida Pensilvania. Con esa decisión se suavizaban los recelos estadounidenses, se metía en el congelador el FIFAgate pero también se acercaba el balón a la Meca del capitalismo. Un sistema que en su versión ‘broker engominado’ quedó sintetizado por el papel de Gordon Gekko, el ejecutivo agresivo cuyo ego engordaba a medida que aumentaba sus beneficios, no matter how. Eran los 80’s, la década de los
La codicia es buena.
Irónicamente, Wall Street fue estrenada pocos días antes de la caída del mercado de valores de octubre de 1987. Pero daba igual: esa peli contiene el germen del neoliberalismo que hoy sigue marcando el patrón de comportamientos económicos y empresariales en todo el planeta.
Lo que sí llevó adelante fue el Mundial de Clubes. Tras su estreno en 2025, y pesar de la recepción más bien fría del torneo, Infantino ya quiere aumentar los equipos y reducir la periodicidad
Esa codicia buena es la que llevó a Infantino a lanzar el troyano de un Mundial bianual. No lo hizo directamente sino, de forma sibilina, mediante otra federación amiga. En mayo de 2021 el presidente de la Federación Saudí de Fútbol, planteó celebrar el Mundial masculino y femenino cada dos años en lugar de cada cuatro. Infantino calificó la propuesta de “elocuente y detallada”. La FIFA calculaba que un Mundial bienal generaría 4.400 millones de dólares adicionales para la organización. En la mente de su presidente se buscaba pasar de 64 partidos cada cuatro años a 104 cada dos. La UEFA, las ligas europeas y hasta la Conmebol le pusieron pies en pared. Por eso en 2022 Infantino tuvo que recoger cable y hasta negó haber contemplado nunca el aumento de calendario.
Lo que sí llevó adelante poco después fue una vieja idea: el Mundial de Clubes -cómo no- ampliado a 32 equipos. A finales de 2022 la FIFA presentó la primera edición, a disputarse -cómo no- en EEUU. Tras su realización en 2025, y pesar de la recepción más bien fría de ese torneo, Infantino ya se plantea -cómo no- aumentar los equipos y reducir la periodicidad.
Por el camino, por cierto, Infantino se puso de perfil cuando una revuelta de los ricos amenazó con dejar la Champions. La Superliga podría haber supuesto otro golpe a la hegemonía económica de la UEFA. Finalmente la reacción de varias hinchadas en Inglaterra y el freno de PSG y Bayern controlaron el golpe de estado pero Aleksander Čeferin no olvida. Estos días la UEFA no ha dudado en soltarle un pellizco a la FIFA pregonando a Omar Artan, el árbitro somalí al que Estados Unidos no ha permitido actuar en este Mundial, como trencilla de la próxima Supercopa de Europa.
Precios dinámicos, anuncios rígidos
El espíritu recaudatorio de Infantino ha entrado en un bucle obsesivo. Salvo por la gomina -es un decir- se diría que el espíritu e incluso las maneras de Gordon Gekko gobiernan hoy el fútbol mundial. La FIFA espera ingresar 11.236 millones de euros en este cuatrienio. Ello representa un aumento del 73% con respecto a la anterior edición. Cabe decir que si las arcas de Zúrich prácticamente se han doblado, el sueldo de Infantino se ha cuadriplicado: de 1,27 millones a 5,2.
Para ello se ha recurrido a equilibrios geopolíticos cuestionables -servilismo con Washington pero también con Riad-, partners televisivos engrasados por el dinero saudí (DAZN) o la conversión de empresas tan oscuras como la petrolera Aramco o la cripto-apostadora ADI Predictstreet en patrocinadoras oficiales del Mundial.
Esa misma ansia extractivista es la que llevó a implementar la política de precios dinámicos en las entradas. Es un un sistema que funciona desde hace tiempo en las reservas hoteleras o los vuelos de bajo coste. Pero a diferencia de esos ámbitos, las entradas mundialistas suponen un mercado con poquísima oferta: apenas 104 partidos cada cuatro años, sin posibilidad de regular con una mayor disponibilidad el alza de la demanda. Una subasta al mejor postor a la que se añade otra novedad, un mercado oficial de reventa en el que la FIFA cobra una mordida tanto al vendedor como al comprador. Win-win.
En estas últimas décadas se ha futbolizado a los Estados Unidos, sí, pero también se ha dado el fenómeno inverso: se ha americanizado el fútbol.
La búsqueda del beneficio ha llegado a detalles tan nimios como la utilización de los videomarcadores: por 79 dólares cualquier aficionado puede colocar su nombre unos pocos segundos. El organismo rector del fútbol mundial concretó que los nombres no se mostrarían durante los partidos, sino durante los llamados pregame shows. El sistema de reservas online de este ¿servicio? cuenta con un ‘filtro de lenguaje inapropiado’. No sabemos si saltara ante nombres como Kerry Caverga o, incluso peor, Sepp Blatter.
Igualmente polémica ha sido la medida de prohibir el acceso a los estadios con botellas de agua. La idea es que las altas temperaturas hagan su efecto en las gargantas de los aficionados, obligándolos a pasar por caja en busca de un refresco.
Pero lo más polémico ha sido la entronización del fútbol a cuatro cuartos, siguiendo una pretendida americanización de este deporte. Cuando en 1994 el Mundial desembarcó en los States ya lo hizo con la intención de ganarse a una de las últimas naciones que le faltaban por conquistar al fútbol. Pero los procesos rara vez son unidireccionales. En estas últimas décadas se ha futbolizado a los Estados Unidos, sí, pero también se ha dado el fenómeno inverso: se ha americanizado el fútbol. Ahora tenemos propietarios norteamericanos en casi todas las grandes ligas, fondos de inversión detrás de clubes, torneos y televisiones, y por supuesto formas y maneras más propias de los deportes considerados estadounidenses. Ahí están los partidos a cuatro cuartos o los pre-show games. Y esperad a la Final del Mundial, aka Soccer SuperBowl.
No son pausas de hidratación sino de financiación. Esos parones son oro comercial para seguir imprimiendo billetes en la sede de una organización milmillonaria pero ‘sin ánimo de lucro’.
Lo más cínico de todo es que la FIFA se cobija en una pretendida defensa de la salud de los jugadores. Es la misma institución que solo vela por maximizar sus beneficios a base de aumentar el calendario de los futbolistas. El mismo organismo que ha planeado partidos a mediodía en estadios sin cubiertas con altas temperaturas y elevada humedad. Pero ojo, en Zúrich se preocupan por la salud de los jugadores: por eso imponen dos pausas de hidratación. Y el verbo imponer no es casual: la FIFA ya ha anunciado que las pausas de hidratación han llegado para quedarse en cada edición de la Copa del Mundo, sin importar la condiciones climáticas. De hecho en este Mundial hemos visto interrupciones hídricas en partidos con menos de 30 grados. Por supuesto que lo de menos es el calor: no son pausas de hidratación sino de financiación. Esos parones son oro comercial para seguir imprimiendo billetes en la sede de una organización que se define como ‘sin ánimo de lucro’. Solo así puede la FIFA lograr la cuadratura del círculo: beneficios milmillonarios de multinacional pero exenciones fiscales de ONG.
La reflexión más acertada, a mi juicio, la ha dejado Jürgen Klopp en la televisión alemana ZDF:
Un partido de la Copa del Mundo debería fluir como un río. En cambio, estamos construyendo presas en medio de él para que poder poner anuncios. Eso es peligroso para el espíritu del juego. El fútbol alguna vez fue el evento principal, pero ahora corre el riesgo de convertirse en la música de fondo de un espectáculo publicitario. Nos dicen que estos descansos son por el bienestar de los jugadores, y por supuesto la salud de los jugadores importa. Pero cuando el juego empieza a doblar sus rodillas ante los tiempos de la televisión, la gente va a hacer preguntas. El balón se supone que es la estrella. No un descanso comercial
La Copa del Mundo es la catedral del fútbol. Sin embargo, a veces da la sensación de que la hemos convertido en un centro comercial donde la caja registradora recibe más respeto que el propio partido. Si este es el futuro, entonces el fútbol ya no está siendo interrumpido por los anuncios. El fútbol se está convirtiendo en la interrupción entre los anuncios.[ Andy Calcio en X ]
Así se han producido imágenes fantasmagóricas: 22 futbolistas esperando que se termine un spot para poder seguir jugando un partido de la Copa del Mundo. La única cadena que se ha negado a trufar de comerciales las transmisiones ha sido Telemundo. Todas las demás han acabado siguiendo el dictado de Gianni Infantino. Es decir, el de Gordon Gekko: la codicia, amigos y amigas, es buena.
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🔍 Sombra aquí, sombra allá
Prohibido hablar de la Copa del Mundo. Razón: FIFA
La policia del pensamiento ha llegado a Toronto. Se dedica a verificar que el bar Manolo de la esquina no use el término Copa del Mundo para animar a su parroquia a seguir los partidos en el local. En su lugar se recomiendan expresiones como ‘gran fiesta del fútbol global’, que no te invitan a entrar en el pub ni aunque tengas ocho apellidos irlandeses. No descartamos que el propio BadGianni™ participe en alguna de las redadas de este soccer-ICE.
Inglaterra siendo Inglaterra
El país en el que desapareció el trofeo Jules Rimet en 1966, la selección que protagonizó el hurto de un brazalete de esmeraldas en 1970, ahora sufre el robo de parte de su material deportivo en Kansas City. Lo han recuperado pocas horas después. A esta gente siempre le pasa algo.
Algo huele mal en Tijuana
Sí. Concretamente, un cadáver en el maletero de un todoterreno, cerca de la concentración de la selección iraní. El hallazgo se produjo en el parking del Estadio Caliente, tras las quejas por el pésimo olor que reportaron los clientes de un supermercado vecino.
Thomas Partey is not welcome
Al futbolista de Ghana -y del Villarreal- no se le ha permitido el acceso a Canadá por sus causas pendientes con la justicia inglesa: hasta siete casos de violación esperan su resolución. A pesar de la malísima pinta que tiene el historial judicial de este jugador algo de razón tiene la federación ghanesa: es un poco raro que Partey pueda viajar libremente al Reino Unido, que es donde sucedieron los supuestos delitos, y en cambio no pueda entrar en Canadá.





