Asesinato pasional en las dunas del fútbol saudí
Hasta la Primavera Árabe, Arabia Saudita ocultó el motivo de la muerte de Mohamed Ali Akid, uno de los nombres propios del fútbol tunecino del siglo XX
Riad, 11 de abril de 1979. La plantilla del Al-Nassr, que ya es uno de los nombres propios del fútbol saudí, entrena como es habitual. Pero la normalidad se interrumpe por culpa de la meteorología. El clima desértico de Arabia Saudita provoca una tormenta eléctrica con la mala suerte de que un rayo cae directamente sobre un jugador de los ‘faris najd’. El futbolista afectado es Mohamed Ali Akid, internacional tunecino que a los 29 años fallece en el acto. La muerte del delantero conmociona tanto al club como a toda Túnez.
Esta escena, digna del realismo mágico, es la que las autoridades saudíes relatan para describir la muerte del delantero. Sin embargo, la familia del jugador no tarda en sospechar de la versión descrita. Ninguno de los compañeros de equipo del tunecino quiere confirmar los hechos. Sólo lo hace el entrenador del Al-Nassr, Ammar Nahali. Por si no es suficiente, una vez el cadáver es repatriado, la familia tiene terminalmente prohibido abrir su ataúd. La esposa del futbolista, Mamïa, ata cabos rápidamente: dos días antes de ese fatídico 11 de abril, su marido le llamó para decirle que iba a volver lo antes posible a Túnez. El misterio no se resuelve hasta 2012. Ali Akid no murió, sino que fue asesinado por un ‘affaire’ que implicaba a la Casa de Saúd, la familia real saudí.






